Sermon primero (Cristianismo e Iglesia I)

 

(Sermón sobre Lucas 10,23-37 pronunciado en la iglesia de Santa Cruz, Copenhague el 20 de agosto 1.989)

"¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís vosotros y no lo oyeron."
En la misma manera, muchos llegaban después a desear haber estado entre los oyentes mientras predicaba Jesús. ¿Cuántas veces no hemos pensado así: ¡Si pudieramos haberlo presenciado!?
Jesús dice eso a los discípulos, que podían "comprender los secretos del reinado del Cielo." Nosotros no picamos tan alto. Sólo un simple parábolo, una palabra de consolación nos harían felices,"dichosos".
¿Los oyentes de Jesús se sentían felices? No, Jesús les dice a ellos y de ellos: edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo:"Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas!" O sea, que los hombres no han cambiado mucho. Todavía favorecen a los profetas muertos que ya no les pueden castigar, y cuyos epitafios pueden interpretar como quieran, y si algun profeta esté vivo, lo matan.
Entonces viene un jurista y le pone una pregunta, no para obtener una respuesta sino para"justificarse". Todos debemos conocer esta clase de interrogadores. Sólo preguntan por la esperanza de que el interrogado conteste en una manera que le haga intratable en los ojos de los oyentes, o que puedan tergiversar en algo monstruoso, y si no contesta, como se esperan, sólo menean la cabeza.de forma significativa.
Siempre hay que contestar tal interrogador con mucho cuidado, porque la verdad siempre está contra el poder. Por lo tanto, el jurista le pregunta a Jesús: ¿Que puedo hacer para heredar esa vida eterna, de que hablas? Y Jesús le contesta muy cuerdamente, con otra pregunta: ¿Tú mismo qué dices?, o mejor: ¿qué dice la ley que tú reconoces?
Y el judío le contesta de la única manera que puede, con unas palabras que están cercas del credo judío: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu alma y con todas tus fuerzas. Y añade de otra parte de la ley: y a tu prójimo como a tí mismo. Y como dice eso es impregnado por el calor que siempre impregna a un judío con ese *Shema Yisrael*, ¡Escucha, Israel!, el calor de los padres y el ardor de Sinai.
Y Jesús le contesta: Sí, así es. Haz eso y tendrás vida.
No dice: Y tendrás vida eterna, pues ¿qué otra vida existe? El que no tiene parte de la vida eterna es uno de los muertos que entierran a sus muertos y casan a su hijo, pero del novio de todo el mundo no se preocupan
. Ahora el judío se inquieta, como siempre se inquieta uno cuando el oponente la da la razón: aquí hay gato encerrado. Debe ser eso del prójimo.
¿Quién es mi prójimo? Y Jesús cuenta uno de los mejores y mejor conocidos de sus cuentos, el del buen samaritano.
Por que el judío tiene toda la razón. Aquí hay gato encerrado. Y todo el refinamiento está en la pequeña palabra"mi". El judío entiende ese"mi" en un sentido perfectamente literal. El Señor, Adhonay, es, exactamente, "suyo", del judío en contraste con los demás.
Como se dice en lo que llamamos el deuteronomio:


Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad,
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.

Por necesidad hay tantos pueblos como dioses, ya que tiene que haber uno para cada uno.
Pero Adhonay es el dios de Israel, Israel su"pueblo de propiedad", casi como un niño puede encontrarse un perro sin amo y cuidarlo. Es el quien protege Israel contra todos los pueblos del entorno, a los cuales se ha obligado a exterminar.
Con eso ya se ha afirmado quién es "mi" prójimo, digo del judío, es otro judío, y en el verso de amor al prójimo tambien se dice: No serás vengativo ni guardarás rencor a tus conciudadanos. Que ese mandamiento debería aplicarse a por ejemplo los amoritas, a los cuales al contrario se les manda matar hombres, mujeres y niños sin perdonar a ninguno, por supuesto le sería un pensamiento totalmente absurdo.
Jesús tampoco va tan lejos, sencillamente por que no le hubieran comprendido. En lugar de eso escoge como el prójimo del judío un hombre de Samaria, el territorio donde los judíos, en tiempos pasados "puros", habían "fornicado" con los inmigrantes babilónicos.
Como se comprenderá, la idea de una Raza Señorial que extermina pueblos enteros para conservar su"pureza de raza" no es tan nueva, sino que en días pasados fue practicada por exactamente ese pueblo, que en este siglo fue la víctima principal de ella. La enseñanza bíblica del colegio básico consiste, más que nada, en falsificación de la historia, encima una falsificación que podrá ser reconocida por cualquier persona a quien alguna vez se le ha ocurrido leer la Biblia.
Que Jesús señala el samaritano como el prójimo del judío no nos parecerá ser para tanto, pero para él sí lo era. Hoy podríamos traducir: El buen musulmán.
Pero la crítica de Jesús va más allá que eso, digo al otro "mi" en "mi Dios". El Dios de que habla Jesús no hace una alianza sólo con los judíos, sino con el hombre.
Por que no sólo es aquel Adhonay para quien el judío tiene privilegio, sino un dios extraño y sin nombre, quien solamente se conoce como el Padre, designación que sólo se puede ser comprendido recordando que Jesús se llama el Hijo, y que acaba de usar unos pocos versos antes, diciendo que "quién es el Padre lo sabe sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar." Por lo tanto, no sirve ir al templo para encontrar este dios, porque el templo de este dios es Jesucristo.
Eso tenemos que recordar, nosotros que nos avergonzamos de la figura del Cristo y prefirimos un "Dios" totalmente filosófico.
Una deidad universal no puede existir en absoluto sin su única manifestación, Cristo.
Y como un hombre enamorado, interrogado por su amor de qué es lo que ama enumera sus méritos visibles, de esa manera también tenemos que decir, cuando nos pidan el credo: ¡Yo creo en Jesucristo! Debemos dirigir nuestro amor a él, porque como el amor del Padre sólo nos alcanza por la intervención del Hijo, en la misma manera nuestro amor sólo puede llegar al Padre a través de su hijo.
Por eso el Espiritu Santo no fue vertido sobre los discípulos hasta después de su muerte expiatoria en la cruz. Que quede claro: No hay ningún camino a Dios que no pasa por Jesucristo.
¿Qué puede querer decir eso de amar con todas sus fuerzas? A nosotros no nos gusta ese "amor", preferimos "simpatía".
El amor es otra cosa, es algo que se hace. Un hombre y una mujer "hacen el amor" cuando tienen relaciones sexuales, pero si alguien pregunta qué amor tienen, nos resulta penoso.
Si alguien nos ama, nos sentimos arrinconados, si se nos exige amor, nos da vergüenza. ¿Cómo iríamos a poder amar a Dios o a ningúna otra cosa "con todas nuestras fuerzas"? Qué pocas no son esas fuerzas.
¿Cómo podemos tener "hambre y sed de la justicia", qué sabemos del todo del hambre? Si nunca llegamos a sentir hambre antes que nos traigan la próxima comida, y pensamos con horror en que pudiera ser de otra manera.
Pero el que ama sabe que el amor es como un hambre insaciable, un "fuego ardiendo", sí, como el fuego del mismo Señor, como está escrito en el Cantar de los Cantares. Aquí se refiere al amor a una mujer.
Tal amor es, realmente, con todo el corazón y con todo el alma.
Tal amor, sí, un amor aún más grande, nos pide Cristo. Aquí no basta amar como a nosotros mismos, porqué entonces ¿cómo iríamos a vencernos?
Cómo no hay sitio para otros en nuestro corazón amando, amando de verdad, a una mujer, tampoco hay sitio para otros al amar a Dios. El que no odia a padre y madre y mujer e hijos, y incluso a su propia vida, no puede ser discípulo mío, dice Cristo.
Son palabras duras, y no nos gusta oírlas. Igual que los judíos, a los cuales vino, hemos aprendido que el medio es justo y que los extremos son perniciosos.
Pero el cristianismo es el extremismo más grande de todos. Es el ajuste de cuentas de la vida con la muerte, no sólo el aplazamiento que todos esperamos. Pero para ganar esa vida no podemos dejar nada en absoluto de la muerte y lo que es de la muerte.
No se corta medio tumor sino uno entero y todos los órganos no vitales que ha tocado. Entonces, ¿no debemos cortar todo de esta vida menos lo vital, especialmente si la vida que con eso salvamos es la vida eterna?
El problema es que intentamos reconciliar el cristianismo con una orden social que debe dar más importancia a la estabilidad que a la vida. Por eso vivimos una tentación perpetua: Cristo o los intereses de la sodiedad. Consta de nuestra respuesta si somos cristianos o no. Pero la iglesia moderna funciona en las condiciones de la sociedad, come el pan de caridad de la sociedad, se ha convertido en un pariente pobre del poder público.
Eso lo debemos a su fundador que no es Jesucristo sino Martin Luther. Éste esperaba que de esta forma la nave de iglesia evitaría un escollo aun más grande, un poder clerical que ya no era el poder del espíritu.
Sea eso como sea, ahora estamos en la trampa. Y la futura vida de la iglesia depende de qué hacemos ahora y aquí.
No me malinterpretéis, como es tan moderno, percibiendo la iglesia como un "ofrecimiento" que intente hacerle competencia al bingo. No nos es posible renunciar a Dios, pero podemos mover Dios a renunciar a nosotros.
Sí, ¿cómo lograr que los pasajeros se pongan el salvarvidas cuando el barco se está hundiendo? ¿Le cubrimos de mazapan o de turrón de almendras? ¿O le agarramos por el cuello y metemos su cara en el agua salada?
El problema de la iglesia moderna es que tiene vergüenza de sí misma. Eso es comprensible, pero es peor que tiene vergüenza de Cristo.
Nos parece bien aflojar las duras palabras del capitán de correr a los botes. No está bien que surja pánico.
Además nos da miedo de hacer el ridículo, por que quizá el barco no se esté hundiendo si quiera. ¿Puede ser que todo no es más que un buen cuento y un oficio?
Y como los pedágogos modernos siempre tienen que sobrepujar uno al otro, que si participación del alumno y refrescos, así la iglesia también tiene que ofrecer más.
Si nadie quiere escuchar al servicio divino, entonces qué tal un concierto o una pieza teatral, y que sea cruda para poder sobrepujar a la suspense del sabado en la tele. Pero, queridos amigos, tenemos aquí el libro más espantoso y maravilloso del mundo, sí sólo osaramos leerlo en voz alta en vez de esconderlo debajo del edredón.
Los apóstolos eran, por decir lo menos, lo que hoy diríamos "provocativos" pero, ¿aburridos? ¿Por qué podían unir a las masas cuando no viene medio alma en la iglesia popular?
Porque estaban difundiendo un espíritu vivo que no les daba vergüenza, en vez de un fantasma según la moda teológica. Porque no se sentían obligados a abreviar el mensaje explosivo de Cristo convertiendolo en un poquito de filosofía barata que no despierta ni a los de la primera fila.
Digo a los curas de esta iglesia: ¿No os da vergüenza? ¿No os da vergüenza llenar los presos con conocimiento de los hombres y doctrinas de hombres, teniendo la llave maestra en la mano? ¿No os da vergüenza consolar el moribundo con una charla, teniendo su curación en el bolsillo interior, si sólo se la quisieseis sacar?
¿No os da vergüenza derrochar la fortuna de sangre de salvación de la iglesia, derramarla en el arroyo cada vez que vayais a la iglesia, para llenar vuestras congregaciones con pasteles? ¿No os da vergüenza de meter la carta del hombre pobre en la papelera, aquella que os habíais encargado de entregarlo, y que dice que ha heredado el mundo entero, y más que eso, el cielo?
¿No os da vergüenza? Porque vergüenza os debiera dar.
Y lo sabeis. Por que vosotros, por lo menos, habeis leído el libro y no sólo escuchado el sermón.
Y a vosotros, la congregación de estos curas, a vosotros os digo: No los eschuchéis. Porque en ellos se han cumplido estas palabras: Cierran a los hombres el Reino del Cielo; Porque ellos no entran, y a los que están entrando tampoco los dejan.
Una y otra vez Cristo les inspira a sus discípulos el valor de resistir la persecución. ¿Dónde está nuestro valor? ¿Dónde está nuestro valor de hablar las odiadas palabras de la Escritura?
No, no queremos nombre de enemigos de los hombres. ¡Uno es humanista, claro!
Pero os voy a decir una cosa, no os preocupeis tanto del futuro de la Iglesia, porque no existe en absoluto, y más voy a decir cuándo dejó de existir. Dejó de existir el momento que desistió del mensaje que estaba encargado de transmitir.
Con eso nos consolaremos: es una punta importante en el cristianismo que un muerto puede resuscitar. ¿Entonces por qué no la iglesia?
Primero, empero, tendríamos que olvidar nuestra buena reputación, como los apóstolos olvidaron por completo la suya. Entonces, primero tendríamos que leer ese libro terrible, y después tendríamos que pregonar sin vergüenza desde los techos, sí, incluso desde los púlpitos, lo que de esa manera nos habían susurrado en el oído. Si ahora me contestais: ¿No es eso lo que estamos haciendo? entonces lo dejo, podeis ahogaros.
Quién sabe, tal vez la pura doctrina de Cristo todavía puede convertir almas. ¿Y si los sondeos de opinión no nos apoyan? Bueno, Cristo es el Señor del Universo, no un candidato a las próximas elecciones generales.
Tal vez algunos de vosotros se extrañan, si no me conoceis, y especialmente aquellos que creen conocerme, de oír todo esto de mí. Había dos vecinos, que siempre se peleaban y molestaban tanto que pudieran uno al otro. Un día, sin embargo, uno de ellos cayó enfermo y pidió que su hijo fuera por el médico.
Pero el hijo se excusó y dijo: Sabes bien que el médico vive en el próximo pueblo y no querrás que deje mis cuentas un día entero, ¡si puedes mandar al capataz!
Y el enfermo pidió a su capataz, pero el capataz dijo: La cosecha no está todavía a salvo, y ya sabes como holgazanean los hombres si no les estoy mirando. ¡Manda el niño!
Y el hombre le preguntó al niño, pero el niño dijo: Ay, mis piernas son demasiado cortas para semejante viaje, comprenderás, no es porque no quiero. Y el hombre sólo tenía un remedio, preguntarle a su enemigo, el vecino.
Por lo tanto, dijo a éste: Estoy malo, y ni mi hijo, ni mi capataz ni el niño quiere ir, ¿no lo puedes hacer tú? Cuando el vecino vio como estaban las cosas se compadeció de el y prometió buscar ayuda.
O sea que emprendió el largo camino hasta el pueblo, fue a la casa del médico y llamó a su puerta. El médico salió, y el vecino le expuso su recado. El médico lo miró un poco, y dijo: ¿Tu no eres el vecino de este hombre, con quien siempre se pelea? Y ahora quieres que yo me crea que te haya mandado aquí, ahora que está enfermo?
¿Tú no más bien te alegrarías si fuera así? No, me estarás tomando el pelo.
Y con eso cerró la puerta, y el vecino tenía que volver sin haber logrado nada, y un par de días más tarde, el hombre murió. ¡Así también les puede pasar a los samaritanos!
Por eso, tampoco me extrañará si alguno piense: ¿Está Saúl entre los profetas? Os halagais de ser cristianos. Entonces os digo que Dios puede hacer de este púlpito un cristiano, si así lo desee.
Os estremecéis, gustosamente, cuando me llamo el hijo del Diablo, pero cuando oís de mí que lo somos todos, menos os divierte. Pero yo os digo esto: Quién estará más cerca a la salvación: ¿El que sabe que le falta, o el que ya cree tenerla?
Si, tales eran los sinrazones que Jesús servía a los judíos, y no les caían muy bien. Me extrañaría si os hayan caído mejor a vosotros.
Y ahora, que baste. Podría hablar todos los domingos del Cristo y sus palabras que venían de la propia Palabra, y los laborables también, pero no creo que sería un visitante muy bienvenido.
Ahora he ido, como había prometido, diciendo que mi vecino está enfermo (y vosotros mismos sois aquel vecino). Ahora se cierra la puerta y ya no oiréis mi voz sino otra que no os será tan odiada.
Aun así, os digo: ¡Dichosos vosotros que habeis oído esto! Por que igual que Pablo debo ser inmodesto por causa de vosotros. Al final, empero, no hace ninguna diferencia, es imposible ocultar una ciudad situada en lo alto de un monte, y el que no lo ve es ciego, y ¿cómo dejar que el ciego vea? Sólo es posible curarlo por la Palabra, pero no la sabe leer, nadie se lo quiere leer, y a mi no me lo permiten.
¿No me lo permiten? Si puedo volverme cura.
¿Cura, en esta iglesia? Prefiriría ser asesino ladrón. Por que por ese pecado sé que hay absolución. Amen.


(Para las citas de la Biblia he usado la Nueva Biblia Española, Ediciones Cristiandad, Madrid 1975, CKA)

 


 

Traducido por Carsten K. Agger
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