13 de Junio 2000 (Mane, tekel, fares)

 

"Dijiste algo de traer un físico aquí," dijo Spencer. "Yo pienso que eso sería interesante."
"¿De verdad?" pregunté.
"Lo había considerado," dijo Arthur, sonrojándose levemente. Parecía que ya tenía preparada su próxima representación, pero no quería dar los detalles.
"¡La física es alucinante!" dijo León, soñador. "Los resultados de la física son de suma relevancia para la medicina. Son la tierra firme de toda nuestra concepción del mundo.
Y de nuestra técnica, por supuesto. ¿Dónde estaría el cirujano, si no se pudiera fiar en la radioscopía, la cardiografía, mil cosas?"
"No," confesó Arthur, "sería bastante desafortunado, si de repente todas esas cosas fueran a fallar."
Nos miró con un ademan de importancia. "Porque eso hicieron en 2005. Sí, por supuesto no todos. En un principio no fue tan dramático, y las fallas se limitaron a una determinada clase de aparatos. Luego fue bastante peor."
"¿Y de qué clase de aparatos se trataba?" preguntó Judith, dócilmente.
"De alarmas contra ladrones. Y telecámaras.
Los técnicos hablaban de "indolencia", pero no encontraban ningún error. Con el tiempo fue evidente que se trataba de algo bastante universal.
Pusieron en marcha una secuencia de experimentos físicas, y aunque los resultados no hubieran significado mucho para el hombre llano, eran bastante dramáticos. Sencillamente había un cambio en el efecto fotoeléctrico. Normalmente, éste es perfectamente inmediato - como sin duda sabéis, los fotones sacan los electrones del metal irradiado. Pero ahora, el efecto era retrasado.
Todos los sabios del mundo se pusieron a reflexionar sobre las razones de este fenómeno tan extraordianario, y si el efecto sería permanente o transitorio. Todo fue sugerido, desde manchas solares y tempestades cósmicas hasta cambios en el campo magnético de la Tierra, pero nadie parecía lograr un progreso.
Y entonces había un tipo vivo, Brodie, me parece que ese era su nombre, que hizo una observación cómica. Dijo que si este fenómeno hubiera aparecido un siglo antes, al tiempo que Hertz y varios otros descubrieron el efecto fotoeléctrico, con toda probabilidad la teoría cuántica nunca hubiera surgido a la luz del día, ya que era el más importante de los argumentos de Einstein para su teoría corpuscular.
Esta observación, que en un principio despertó la hilaridad en los círculos científicos, llevóa muchos investigadores a cursos del pensamiento que en 2006 culminaron en una repetición del famoso experimento de Michelson- Morley de 1.887. Como bien sabéis, era aquel experimento que inspiró a Einstein a la teoría de la relatividad y que inauguró la física moderna. Los dos físicos intentaron, suponiendo la existencia de un éter como medio de propagación de las ondas de luz, de medir el movimiento absoluto de la Tierra en el mar de éter. Dada la existencia de tal mar, todos los experimentos que se realizaran en la Tierra deberían ser sometidos a los efectos de un viento de éter, y la velocidad de la luz dependería de su ángulo respecto a este viento.
Como también sabéis, el experimento no demostró semejante viento etereal, algo que llevó a Einstein a rechazar la hipótesis del éter, y eso era el fin de la física clásica. Lo cómico era, no obstante, que el experimento Michelson- Morley del año 2005 demostró, claramente, el efecto que en vano se había buscado en 1.887.
Es más, el efecto era tan convincente que la falta de precisión de la medición original no era capaz de explicar la disprepancia. Comprenderéis la consternación de los físicos.
¿Había, a pesar de todo, un éter, por el cual las ondas de luz se propagaban? ¿Y acaso podría ser que el retraso en el efecto fotoeléctrico se debiera a que la luz no se comportaba en absoluto como partículas?
Pero en este caso -se estremicieron con el pensamiento- tampoco había ninguna necesidad del principio de la complementaridad de Bohr. Y si la transmisión de energía es continua, las relaciones de indeterminación de Heisenberg también sobraban.
Experimentos, cuyos resultados anteriormente sólo podían ser tratados como probabilidades, eran inmediatamente previsibles. Esto, por otro lado, permitió una descripción absolutamente determinista del mundo.
Se realizó experimento tras experimento, y todos dieron el mismo resultado. Ninguno de ellos salía en lo más mínimo de las leyes de la física clásica. El mundo científico fue llevado por la incredulidad, mientras que algunos de los más valientes de los investigadores indicaron que todas las mediciones incongruentes que habían llevado a la física cuántica se habían realizado dentro de un poco más que un siglo. Fue imposible llegar más atrás.
Más rápidamente que por decreto público, las viejas ecuaciones volvieron a los laboratorios. Los técnicos se fian de lo que les sirve.
Einstein y Bohr se llenaron de polvo en sus estantes. Y como de costumbre, el hombre medio no se había enterado de nada.
La segunda y última parte de este singular capítulo de la historia científica fue más difícil de camuflar. Se manifestó como un irrecusable mane, thekel, fares, una escritura flameante en el cielo en el sentido más literal.
En un principio lo tomaron por una formación extraordinaria de nubes. ¿Pero cómo evitaría una nube tal la rotación de la Tierra, moviéndose dentro de una semana desde las regiones polares del norte hasta las del sur?
Los primeros observadores tampoco se daban cuenta que se trataba de letras propiamente dicho. Entonces un rabino comentó que parecían letras hebreas, sólo en una forma más antigua y más original que jamás había visto antes.
Por fin llegaron al más antiguo y más sabio de todos los sabios y le preguntaron si él era capaz de interpretar las letras en el cielo, y qué condena pudiera proclamar a los hombres.
El rabino estudió un rato las fotos del fenómeno, luego se quitó las gafas y se quedó pensativo un rato.
Entonces cogió una pluma y un papel y empezó a apuntar su traducción tentativa. Al día siguiente fue leído en una reunión urgente de la Sociedad Científica, y salió así: Nos ha llegado la noticia, que algunas de las disposiciones hechas por la Dirección han sido defectuosas.
Esto se debe sobre todo a la elevada edad de Esta, y las perspectivas de una terapia no son buenas. Entretanto, hemos tomado las disposiciones necesarias para poder reanudar la marcha habitual.
Esto no cambia el hecho, que Dios ha sido perfectamente irresponsable los últimos 118 años. Sentimos los posibles efectos negativos que pueda haber tenido en las leyes físicas."

 


 

Extracto del libro: "2000"
Traducido por Carsten K. Agger
COPYRIGHT © Erwin Neutzsky-Wulff and Borgen Publishers,1991
First published 1991 by Borgen Publishers, Valbygaardsvej, Copenhagen Valby
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