13 de septiembre 2000 (El bandolero)

 

"Un hombre," dijo Roland, "estaba atravesando un bosque, cuando un bandido le detuvo.
-¡La bolsa o la vida!, -dijo, según la costumbre.
-¡No me mates!, -gritó su víctima-. Y déjame también que me quede con el dinero.
Es todo lo que tengo. Mi mujer está en casa, enferma, y tenemos cuatro hijos hambrientos.
-¿Qué me importan tu mujer y tus hijos?, -dijo el bandido.
-Lo único que yo amo en este mundo es el oro, y ahora me quedo con el tuyo.

Ahora, el hombre vagaba por el bosque al azar, desesperado y sin atreverse de ir a su casa, porque, ¿qué diría? Al final anocheció, y como iba por allí, palpando, su pie dio a algo en el suelo del bosque.
-Será otra víctima del bandido, -pensó el hombre, y vio, asustado, que era el propio bandolero, que se había dormido allí. Primero, pensaba recuperar su dinero, pero el bandido estaba agarrando tan fuertemente la bolsa que tenía las piezas de oro que no podría quitársela sin despertarlo.
-Cogeré una piedra grande, -pensó el hombre-, y lo mataré mientras que duerme, y así recuperaré el dinero. Eso no es sino lo que él me haría a mí.

Escogió una piedra, por lo tanto, pero como estaba ahí, mirando al bandido durmiendo tranquilamente, resultó que no lo podía matar. En lugar de matarlo, dejó que cayera la piedra y se marchó, afligido. En su desesperación terminó por llamar a Dios, y Este bajó a la tierra y preguntó, en qué le podía servir.
-Ay, -dijo el hombre-, el mundo es injusto. Los buenos pagan por su benevolencia, mientras que los malos les vencen con la violencia.
-Qué raro, -dijo Dios-. Y yo que estaba tan seguro de haber creado un mundo perfectamente justo.
-¡Ay no!, -se lamentó el hombre-. Pero yo sé que Dios es amor, y que El me dará lo que es mío por derecho.
-Es verdad, -dijo Dios-, que el que ama más me agrada más. Pero, ¡díme ya lo que te preocupa tanto, hijo!

Y el hombre lo contó todo: de cómo el bandido le había quitado el dinero, y cómo lo había encontrado, más tarde, dormido en el suelo del bosque, cómo se había sentido tentado a matarlo, habiendo, sin embargo, superado a esta tentación.
-Pero dime, -dijo Dios-. ¿Por qué le diste tu dinero al bandido?
-Por que si no, -contestó el hombre-, a lo mejor me hubiera matado.
-Sí, a lo mejor sí, -dijo Dios-. Pero cuando lo encontraste, dormido, ¿por qué no lo mataste para recuperar tu dinero?
-También pensaba hacerlo, -dijo el hombre-, pero no tenía el corazón para hacerlo. Además, pensaba que a lo mejor te desagradaría.
-Sí, dijo Dios-, sé que los hombres tienen unas ideas extrañas de Mi Voluntad. Llevo más de un millón de años dejando que el gato coma al ratón delante de sus ojos, y aun así tienen esa idea, que no me gusta que maten.
¡Vamos a ver! Sí, considerándolo un poco, el caso me parece evidente. Parece que este bandido estaba dispuesto a matar por su amor, es decir, el dinero, pero tu no estabas dispuesto a matar por tu amor. ¿No es verdad? Ya sabía yo que había creado un mundo justo..."

 


 

Extracto del libro: "2000"
Traducido por Carsten K. Agger
COPYRIGHT © Erwin Neutzsky-Wulff and Borgen Publishers,1991
First published 1991 by Borgen Publishers, Valbygaardsvej, Copenhagen Valby
All Rights Reserved
This text may under no circumstances be resold or redistributed for compensation of any kind, in either printed, electronic, or any other forms, without prior written permission from Borgen Publishers.
For further information contact Borgens Forlag,
Valbygaardsvej 33, DK-2500 Copenhagen Valby, Denmark, phone +45 46 36 21 00, fax +45 36 44 14 88