15 de Junio 2000 (Pronóstico gravísimo)

 

"Es verdad lo que dice Spencer," dijo Judith. "En algunos casos, las perspectivas no son buenas."
"¿Más casos perdidos?" preguntó Arthur. "Qué deprimente ..."
"Pero escucha," se empeñó su concubina. "Si un hombre lleva diez años internado en la misma sección y todavía recibe un diagnóstico negativo, no veo mucho motivo para estar optimista."
"Bueno," admitió Arthur. "¡Cuenta!"
"Efectivamente, tengo los dos testimonios aquí," manejó torpemente algunos papeles que tenían un parecido sospechoso con el papel de cartas de COMBIGEN. "Os voy a leer el primero.
Escuchad: 'El paciente es fundamentalmente antisocial, sin necesidad o interés por la compañía de otros. No puede cooperar, es incapaz de conseguir la aceptación del grupo, y tampoco aspira a él.
Es muy agresivo y no quiere someterse. El bien común no significa nada para élo, sólo sus propias necesidades e idiosincrasías Hace, en resumen, lo que le dan las ganas, y carece de cualquier sentido de responsibilidad personal. Las perspectivas no son buenas.'"
"Suena como un tío simpático," musitó Arthur, sin que supiéramos bien si estaba irónico o no. "¿Qué había hecho para conseguir semejante libreta de notas?"
"El médico en jefe tuvo una conversación con él. Algo por el estilo de la conversación del cuento de León, supongo.
El paciente exteriorizó su deseo de salir de la sección, y no parecía darse cuenta de, ni interesarse en que estaban intentando ayudarle. Cuando llamaron su atención a que no tenía ningunas relaciones, afirmó estar bien contento de su existencia de ermitaño.
El médico en jefe lo puso en uno de los grupos más interesantes. Con motivo del aniversario cincuentenario de Solidaria, la sección representaría 'Crecen mastuerzos en mis narices', escrito especialmente para la ocasión por el propio médico en jefe.
El grupo del paciente tenía que manufacturar calabazas que los del coro se tenían que poner en la barriga en el tercer acto, mientras cantarían: '¡Calabazas contra la guerra! ¡Calabazas contra la guerra!
Comiendo calabazas bien, te pondrás verdecito, ven. ¡Calabazas contra la guerra!"
Pero el paciente no quiso colaborar. Estaba con un libro nada más, dejando que los demás hicieran todo el trabajo.
Los demás hacían lo que pudieran para enrollarlo, cerrándole el libro y tomándole su mano. Y una mañana, uno de los otros pacientes vino corriendo al despacho del médico en jefe.
De pronto, el paciente se había puesto violento, dijo. Había cogido la calabaza que les había servido de modelo, y la había estrujado, apretándola sobre la cabeza de uno de sus compañeros.
Eso era tanto más cruel, pues exactamente ese paciente era claustrofóbico. ¡Es después de este episodio que se escribió lo que os acabo de leer!"
"¿Y diez años de terapia intensiva no hacían ninguna diferencia?" preguntó Arthur, preocupado.
"En absoluto. Por supuesto, la situación no fue mejorada en cuanto a que a la seccción le faltaba mucho en tener el debido personal en aquellos años. Durante una temporada, incluso sólo habían dos guardias por paciente.
"¿Entonces quién le tomó las piernas?" preguntó Arthur, pero Judith, quien no se habrá sentido convencida de la seriedad de la pregunta, no le hizo caso.
"Qué cuento más exquísitamente imbécil," observó Spencer, irritado.
"¡Será aún peor!" advirtió Judith. "Los notables recortes de gastos formaban parte de un plan generalizado de ahorros que afectó a toda la sociedad.
Ya se había llevado demasiado tiempo, como también advirtieron los políticos, viviendo de gorra. El país no podía permitirse seguir comportándose como un niño complacido si quería ser tomado en serio como colaborador equiparado en la inminente recuperación económica. El médico en jefe enseguida proyectó una grandiosa acción a la que llamó "Locos en Marcha", y cuyo propósito era sacar los pacientes al mercado laboral, donde contribuirían al producto nacional. Éste no era un tiempo de jugar, sino de trabajar, del espíritu combativo.
Con esto aludió a Soladaria, cuyas violaciones de los derechos humanos ya no podían ser toleradas. Uno por uno, los pacientes fueron llamados a una conversación, y todos recibieron un golpecillo en el hombro y la dirección de una buena oficina de empleo.
Por fin le tocó a nuestro protagonista. El médico en jefe volvió a recitar el pequeño discurso que había memorizado, y esperaba, ansiosamente, la reacción del paciente.
Éste contestó, que las perspectivas de volverse montador de pinzas superior dentro de treinta años no le daban mucha ilusión. En general, dijo, la despiadada busca de los bienes de consumo le parecía insensata e inhumana. Según él, sólo se estaba cuidando los intereses del capital. El médico en jefe comentó que eso sonó críticamente como la propaganda de Solidaria, y quedó horrorizado cuando el paciente afirmó que él encontraba que en la insoportable dictadura de Solidaria hubiera mucho más justicia social que bajo el ilustrado régimen de su patria. Él esperaba, dijo, vivir en una sociedad en que tuvieran por virtud ayudar al prójimo en vez de desalojarlo.
Eso fue demasiado para el médico en jefe. -¡Usted es un - un holgazán!
¡Un insoportable, irresponsable alfeñique! La sociedad no necesita los tipos como usted.
Vuelva a la sección. ¡Ahora! Como comprenderás, Spencer, la decisión no fue fácil para el médico en jefe, sobro todo ahora, que la patria necesitaba todo hombre capaz de trabajar y llevar armas. Si no, sería fácil que el país perdiera su credibilidad en la alianza económica y política que tan esencial era formar justamente ahora. En el peor de los casos, sería excluído de la participación de la inminente guerra. Por otro lado, tampoco veía que el resultado de la investigación le diera ninguna alternativa.
Había que proteger la sociedad contra esa clase de individuos. Desanimado, sacó un formulario de su cajón y empezó a llenarlo, nombre, edad, etcétera. Bajo diagnóstico escribió: 'El paciente es fundamentalmente inmaduro, sin necesidad o interés por tener éxito. No puede competir, es incapaz de conseguir el respeto del grupo, y tampoco aspira a él.
Es muy poco agresivo y necesita una autoridad. El éxito personal no significa nada para él, sólo el complacer a sus entornos.
Hace, en resumen, lo que se espera de él, y carece de cualquier iniciativa personal. Las perspectivas no son buenas.'"

 


 

Extracto del libro: "2000"
Traducido por Carsten K. Agger
COPYRIGHT © Erwin Neutzsky-Wulff and Borgen Publishers,1991
First published 1991 by Borgen Publishers, Valbygaardsvej, Copenhagen Valby
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