21 de Abril 2000 (Colonización)

 

"En mi tiempo, me han dicho muchas cosas", dijo Eve, "pero nunca había oído tantos disparates como en la última semana. Editoriales y empresas de venta postal galácticas, distribuidores automáticos tomando poligramas, ¡ay Dios mío! Yo que me creía que íbamos a tener una discusión seria de las consecuencias del encuentro con civilizaciones extrañas..."
"Sentimos haberte desilusionado, Eve," dijo Arthur. "¿A lo mejor tú nos tienes algo mejor?"
"Da la casualidad," dijo Eve, solemnemente, agitando algunos papeles sin aparente lustre metálico, "que aquí mismo tengo un informe para la Comisión de Protección del Distrito de Protección terrestre."
"¡Pues adelante!" dijo Arthur.
Eve carraspeó. "-A la Comisión de Protección del Distrito de Protección de la Tierra.
Como ya es sabido, fui enviado a la Tierra para investigar las posibilidades de intervenir contra la excesiva explotación de dicho planeta, especialmente con respecto a la población indígena. Por lo tanto, me limitaré a comunicar, en pocas palabras, mis conclusiones. Un breve resumen histórico, no obstante, no estará de más.
Hace un siglo, cuando aterrizaron los primeros descubridores en la Tierra, vieron que ésta estaba poblada de una tribu primitiva, que se autodenominaban "los hombres". Estaban en la primera fase de la época termonuclear. Estaban conscientes de las fuerzas electromagnéticas, pero todavía no se les había ocurrido usarlas como fuente de energía.
Por consecuencia, su vida era dura y llena de problemas de contaminación, etcétera. Su situación fue empeorada por los interminables conflictos tribales, y además, en la ausencia de un poder centralizado, tenían problemas de sobrepoblación.
Su mitología hablaba de un ser que alguna vez había aterrizado en el planeta, y cuyo regreso esperaban ansiosamente, ya que tenían la firme convicción que tal advenimiento solucionaría todos los problemas del planeta. No sorprendente, los primeros descubridores fueron tomados por tales dioses. Cierto culto en especial, el culto de los `ovnis', podía reclutar muchos seguidores en aquellos días. Según este culto, los extraterrestres habían venido para impartirles a los hombres una sabiduría que les capacitaría para solucionar sus problemas.
Pronto reconocimos que la Tierra contenía ciertos, aunque no demasiados, recursos, cuya extracción sin embargo nos sería remunerativa. Primero conseguimos estos valores por cambio, ya que muchas veces se contentaban con juguetes electrónicos.
Estos `regalos' cimentaban la confianza de los hombres en que nosotros eramos sus salvadores. Los numerosos misioneros que seguían los pasos de los exploradores también tenían un papel importante.
Pero esta armonía no duró. Dentro de poco habíamos empezado a considerar la Tierra como `nuestro' planeta, y a disponer de ella según nuestra voluntad.
Muchos abandonaron la penosa estrategia de comprar por cambio y exterminaron una tribu para poder proceder a la extracción de los recursos de su territorio. Eso despertó alguna resistencia en las demás tribus, dificultando el trabajo de los exploradores más humanos.
Ahora exigieron armas a cambio del derecho a explotar el territorio, y aunque eso está prohibido por la Convención, muchos sucumbieron a la tentación. En un comienzo, sin embargo, las tribus sólo las utilizaron en sus conflictos mutuos.
Como alternativa desesperada permitimos el negocio del pan fuerte. En los hombres, sin embargo, ese estimulante tan trivial resultó tener un efecto devastador.
El hombre rápidamente desarrolla una dependencia que los colonizadores desalmados no tardaron en aprovechar, y que siempre conduce a la locura y la muerte. Al mismo tiempo la Tierra fue acosada por epidemias de enfermedades importadas, contra las cuales los hombres no tenían la menor resistencia.
Al final ocurrió el desastre, ya que una de nuestras bases fue aniquilada, paradójicamente por primitivas armas termonucleares. Era imposible evitar la retaliación, una purga que les costó la vida a aproximadamente mil millones de personas.
Se empezó a trasladar la población de los territorios explotados hacia el continente al sur del planeta, sin que nadie se hubiera molestado en asegurarse que podían vivir allí.
Los suministros garantizados siempre fueron acortados, o sencillamente no llegaron. En aquellos años perecieron otros mil millones de hambre. Como la actividad en el planeta fue aumentando, el gobierno vio la posibilidad de contratar a los hombres para trabajar en las fábricas. Eso, sin embargo, resultó no ser práctico.
Sencillamente eran incapaces de vivir en una sociedad moderna. Su digestión primitiva no aguantaba la comida sintética.
El hombre tiene una relación hacia la naturaleza que nosotros no comprendemos. Cuando quitamos la capa de tierra, matamos al hombre. Sólo entonces hubo alguien que intentaba en serio de comprender la cultura humana, que resultó ser mucho más rica y polifacética de lo imaginado.
Resultó que los hombres habían tenido una literatura, que entendían de música a varias voces, y que habían considerado temas tan avanzados como la curvatura del espacio-tiempo, el desarrollo de campos gravitatorios, y mucho más. En aquellos años se realizó un esfuerzo héctico con el objetivo de conservar estos tesoros culturales, hasta entonces desapercibidos, para la posteridad.
Se estima que ya quedan menos que diez millones de hombres. Si la intervención no se efectúa ahora, no quedará ni uno en cincuenta años. La cuestión es cuánto se puede hacer. Personalmente, opino que ya no podemos hacer mucho.
Por lo tanto, me veo obligado a recomendar que dirijamos nuestra atención hacia otras razas primitivas que tienen mejor expectativa. En tal sentido tengo algunas sugerencias, a las cuales volveré en mis próximos informes."

 


 

Extracto del libro: "2000"
Traducido por Carsten K. Agger
COPYRIGHT © Erwin Neutzsky-Wulff and Borgen Publishers,1991
First published 1991 by Borgen Publishers, Valbygaardsvej, Copenhagen Valby
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