21 de Mayo 2000(El hombre que quiso ser dios)

 

Estaba en el jardín con "Aphyllophorales", cuando sonó un estampido sobre mi cabeza. Un momento después las primeras gotas mojaron las hojas de mi libro, y desde entonces ha llovido a cántaros. "¿Alguna vez os he contado del hombre que quiso ser dios?" preguntó Judith más tarde, en el salón.
"¿Dios?" creyó repetir Arthur, interesado.
"No," corrigió Judith. "No Dios.
Un dios. El hombre que quiso ser un dios."
"Me parece que no," dijo Arthur, dócilmente.
"Pues, era un día como hoy. Lawrence Scott pasó una de aquellas ventanas: `¿Harto?
Sea el Señor de sí mismo y de otros. Entre y reciba el folleto gratuito.'
La Agencia Divina estaba amueblada de buen gusto, y había un hombre servicial detrás del mostrador. Las paredes estaban decoradas con carteles de varias ceremonias religiosas.
-Aquí estoy, Señor, dijo el hombre detrás del mostrador. -¿Le puedo servir en algo?
-Perdone, dijo nuestro protagonista. -Es que no comprendo bien. ¿Qué es exactamente lo que vende su empresa?
-Apoteoses, explicó el vendedor, complaciente. -Es así: Como usted sabe, se llevaba mucho tiempo dudando si se iba a poder encontrar alguna forma de vida inteligente en el universo. Y usted sabe también, sin duda, que las razas inteligentes abundan en el cosmos, la mayoría de ellas primitivas. Bueno, nosotros le equipamos con una nave y los utensilios que necesita para poder establecerse, o manifestarse, como decimos, en el planeta que usted quiera.
-¿Dice usted, preguntó Lawrence, -que aquellas criaturas me adorarán?
-Claro que sí, dijo el representante, sin hesitar. -¿Qué haría usted si fuera a enfrentarse con la técnica moderna, entendiendo usted sólo de mazas? Verá, sacó un cuaderno de pedidos, -usted tan sólo tiene que pagar nuestro honorario, y no tiene que hacer más que estar tranquilo y dejar que le conviden a bueyes y vírgenes.
-¿Cuánto cuesta?
-Tenemos ofertas para todos. Lo más barato es el juego de Pan.
Consiste, básicamente, en una flauta y una pequeña pistola que dispara ampollas de adrenalina. Presumiendo que no le molesta andar medio desnudo en un bosque. La idea es que despierta la curiosidad de la población con su flauta, dispara el pánico al imprudente, y espera que pierda algo que se pueda comer.
-Pues no lo creo, dijo Lawrence.
-También tenemos el conjunto de Zeus, con rayo y voz de trueno y todo.
-No entiendo.
-Un cañón de láser y un sistema de altavoces. En un principio, será necesario que se haga respetar. Luego tenemos el Zebaoth de Luxe, pero eso vale muy caro.
Bueno, Lawrence se decidió a quedarse con el conjunto Zeus, que también incluía un libro de instrucciones con el título `La Divinidad en 7 lecciones fáciles', que enseguida empezó a estudiar. También incluía un catálogo de las civilizaciones del universo aún sin dios, y Lawrence no tardó en escoger una que le iría perfectamente. Fue debidamente introducido en el catálogo del la empresa, `Pantheon', y un par de días más tarde ya estaba en camino. El planeta era exactamente como se había imaginado, y enseguida comenzó a buscar una tribu para la cual pudiera ser dios. De eso iba la primera lección del libro.
Según éste era importante encontrar un individuo ambicioso, a quien no le vendría mal someterse a una autoridad, pudiendo él mismo llegar a ejercer una. Lawrence encontró un señor con el nombre de Ab, que tenía unos cuantos hijos, según el libro una gran ventaja.
Aterrizó a un trozo de distancia de la vivienda humilde de Ab y le llamó por el altavoz, dejando la traducción al traductor automático. Prometió hacer de él un pueblo grande, un hombre rico, ayudarle contra sus enemigos, etcétera etcétera, y ya se había asegurado el almuerzo.
Ahora, la mujer de Ab no era tan atractiva, y mientras sus hijas, efectivamente, eran vírgenes, ninguna de ellas tenía más de diez años. Por eso pidió que Ab levantase la casa y le mando a conquistar una tribu cercana de la cual, después de algún ruido y estampido y un ex-jefe tostado por láser, se hizo rey. Y hasta entonces, todo había ido bien.
Con el tiempo Ab y su dios conquistaron enemigos aún más formidables.
Una vez Ab y y todo su pueblo cayeron presos de una nación tremenda, que se llamaban los misraitas.
Si Lawrence hubiera tenido el dinero para el Zebaoth de Luxe, sin duda hubiera escogido ese pueblo. Ahora se limitó a liberar a su pueblo elegido, aniquilando dramáticamente a un destacamento misraita. Eso le hizo popular por mucho tiempo.
Año tras año condujo su pueblo de un lugar a otro. Siempre estaba en camino para encontrar agua y pastos, y, habiéndolo encontrado, aterrizó, y el pueblo acampó en su entorno.
Desafortunadamente, la nave que iba incluida en el conjunto Zeus no era de las mejores, y muchos del pueblo que se habían acercado para darle una caricia amable caían enfermos y morían del escape de radiación. Y Lawrence tenía que hablar otra vez por el altavoz, ordenando la construcción de una cerca construida por ciertos curas distinguidos por su insignia, un mandil de plomo.
Una vez, Scott llegó a encontrar un país entero a su pueblo, tierra que con su ayuda fácilmente podían conquistar. Eso lo enfrentó a un problema nuevo.
En esta tierra, con su densa población, ya no podía aterrizar sin poner en peligro a personas o ganado. Tenía que quedarse en el desierto y mantener la conexión con su pueblo a través de profetas.
Pero sin el respaldo del rayo y de la voz de trueno, el pueblo no siempre les hizo caso, así que muchas veces tenían que volver sin haber logrado nada, y en aquella época, Lawrence perdió quince kilos. Sólo parecían acordarse de su dios cuando el país estaba a punto de caer en manos de enemigos, y muchas veces le olvidaban otra vez tan pronto como había pasado el peligro. Finalmente, llegó a la conclusión que tenía que presentarse personalmente. Así que se llevó su revólver y..."
"¿Revólver?" preguntamos.
"Su pistola de láser, con seis tiros. Claro, el cañón no era tan fácil de transportar.
Así armado, entró en la tierra, se escogió una muchedumbre, y empezó:
`Soy el Señor, tu Dios, quien te salvó de los misraitas,' etcétera, etcétera.
Y empezaron a reirse a carcajadas.
Minuciosamente, Lawrence escogió al que rió más fuerte, y le convirtió en medio kilo de ceniza. Eso le dio cierta credibilidad.
Pero aun así no había solucionado sus problemas. Su propio clero había aprovechado su ausencia para construir un templo, cuyos sacrificios fueron enteramente a sus propias barrigas, y estaban bastante insatisfechos que su patrono les espiara así. Y pronto habían decidido que Lawrence era un blasfemo, citándolo ante el sumo sacerdote, de quien Lawrence se liberó en su manera acostumbrada.
Eso, sin embargo, resultó ser un error. Ahora no sólo le acusaron por hereje, sino también por hechicero, y sólo gastando el tercer tiro consiguió escaparse con vida a su nave.
¿Y que vio allí? Los sacerdotes oficiosos habían devastado por completo su embarcación, llamándola `templo de idolatría'.
Como véis, la situación de nuestro protagonista no era exactamente prometedora. Horrorizado, se escapó hacia el monte sin más defensa que los tres tiros que quedaban en su pistola.
Pasaron muchos años sin que Lawrence se atreviera a volver a su pueblo. Para su alivio se enteró que habían destituido a los sacerdotes y derrumbado el templo.
El pueblo estaba sin dios, igual como cuando lo encontró. Como de costumbre encontró un auditorio, y cuando su discurso fue recibido por el ridículo habitual, concedió el cuarto tiro a un alcalde.
Pidieron, respetuosamente, que viniera, y arreglarían cualquier malentendido que pudiera haber. Lleno de optimismo, fue acompañado a un cuarto, donde ya se encontraban dos personas.
Con dignidad, se presentó como el Señor, algo que despertó una reacción bastante inesperada en los otros dos señores. Porque ambos aseguraron obstinadamente, que era él quien era el Señor, y Lawrence temía que tendría que gastar sus dos últimos tiros en estos dos pretendientes.
Y fue en ese momento que de pronto se dio cuenta, dónde le habían metido. Esto era un manicomio.
Resultó que el cuarto disparo estaba como desperdiciado, ya que la ciencia le había interpretado como un rayo. Scott guardó su pistola láser y decidió esperar a ver lo que venía.
Cuando ya llevaba varios años asegurando que era un hombre normal, consiguió que le dieran deeónes alta. Sin embargo, no sobraban ni los bueyes ni las vírgenes en la vida que ahora llevaba.
Ocho horas del día estaba en una línea de montaje, y cuando, finalmente, se podía ir, estaba lloviendo. Y dio vueltas por las calles de la ciudad, buscando un señal invitándolo a ser su propio Señor y el de otros, pero no encontró nada, ya que faltaban siglos para que este planeta desarrollara una astronáutica eficaz.
Y un día vio una persona que parecía estar varada igual que él mismo, una joven, que a pesar de su apariencia desgreñada le parecía más bella que todas las vírgenes que le habían ofrecido antaño. Se presentó, y hablaron largo rato de estrellas y de dioses. Al final se disculpó, tenía que volver con su marido.
Por supuesto, eso era una complicación imprevista. Al día siguiente, Lawrence desenterró su pistola y vino a buscar al marido de su elegida. De él tampoco quedó más que unos cientos gramos de elementos. Llamaron a la policía, y por un rato, Lawrence se temía que otra vez tuviera que enfrentarse con la hoguera de herejes.
Pero esta época no sabía de hechicería, y el caso fue dado de alta como otro rayo, esta vez del tipo que caen dentro. Y Lawrence y su mujer vivieron felizmente todos sus días."
"¿Pero todavía habrá tenido que trabajar en la fábrica?" preguntó Arthur, preocupado.
"Lawrence solucionó ese problema también," nos informó Judith. "Escribió un libro de su pasado divino, asegurando que se trataba de una obra de ficción. Bien no le trajo una fortuna, pero sí bastante para que él y su amada vivieran relativamente despreocupados."
Pasó un rato hasta que alguien, me parece que fue Eve, se acordó de un cabo suelto. "¡El tiro!" dijo.
"El sexto tiro. ¿Qué hizo con él?"
"Lo guardó," dijo Judith, reservada. "Un escritor siempre corre el riesgo de encontrarse con un crítico hostil..."

 


 

Extracto del libro: "2000"
Traducido por Carsten K. Agger
COPYRIGHT © Erwin Neutzsky-Wulff and Borgen Publishers,1991
First published 1991 by Borgen Publishers, Valbygaardsvej, Copenhagen Valby
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