22 de Mayo 2000 (El santo advenimiento)

 

"Era la noche de Pascua," dijo Arthur.
"And all through the house," murmuró Judith.
"¡Sshhh!" dijo Eve.
"En la gran iglesia de San Pedro de Roma estaba Su Santidad Pietro II, durmiendo.
-¡Kefa!.
Como el susurro del viento contra el vidrio. El Papa se sentó en la cama.
-¿Sí?
Miró su reloj, que se había detenido a medianoche. Empezó a buscar sus gafas en la mesita de noche.
-Simón, ¿estas dormido? ¿No has podido velar ni una hora conmigo?
Entretanto, el Papa se había puesto las gafas sobre la nariz y había recuperado un poco de su dignidad.
-Me parece que esta broma, declaró, -es de un gusto bastante dudoso.
-Simón Ben Yona, ¿me amas? Salchichita, ¿me quieres?
-¿Quién te ha dicho cómo me llamaba mi madre?, preguntó Su Santidad, horrorizado.
-Te vi antes, antes de ser Papa, jugando en el viejo molino.
-¿Señor?, susurró el Papa. -¿De verdad eres tú?
La oscuridad rió.
-¿Te dije que te vi en el viejo molino, y por eso me crees? ¿No has visto cosas más grandes que éstas?
-No sé qué creer. ¡Si eres Cristo, déjame que vea la señal de los clavos en tus manos!
Pietro se lanzó hacia atrás, cuando de pronto apareció una mano mutilada debajo su nariz.
-¡Señor! dijo el Papa. -No te esperábamos tan pronto.
-Sabéis interpretar las señales de la tierra y del cielo, dijo la voz. -Entonces, ¿cómo es que no sabéis interpretar estos días?
-Comprenderás, dijo el Papa, -que cuando yo preparo un viaje, anuncio mi llegada con tiempo. Los periódicos no escriben de otra cosa, y cuando llego ya están listos todos los fotógrafos de la prensa.
Pero tú, Señor, tu entras aquí en el Vaticano de noche, como un ladrón. Sólo te lo digo para que te quede bien claro, que puede ser difícil arreglar todo a tan corto plazo. Hay otra cosa, añadió: -¿Estás seguro que no te has equivocado?
-¿Equivocado? repitió Cristo.
-Quiero decir, del tiempo. Sí, yo mismo soy infalible, pero aun así siempre ando buscando mis gafas...
-Ha vuelto el amo, dijo Cristo, amenazador, -y ve que los criados están borrachos. Por lo tanto, haz cuenta de las onzas que te he encargado. ¿Cómo va mi iglesia?
-¡Muy bien!, dijo el Papa, alegre. -Como sabes, empezé hace dos milenios, con un barquecito.
Bueno, como ves, me ha ido bien. No hay muchos que cuentan con un palacio como éste. Mañana, te rendiré cuentas....
-¿Dónde están las llaves? preguntó el Salvador, impaciente.
-Tenemos la cerradura de combinación, dijo el Papa. -6 izquierda, 6 derecha, 6 izquierda.
-Digo las llaves del Cielo, las que te he encargado.
-En cuanto a eso, aseguró Pietro, -puedes estar perfectamente tranquilo. Estando yo aquí, no ha entrado nadie en absoluto.
-Eso temía. Pero, ¿no has preparado la congregación a la destrucción inminente, para que siempre estuvieran listos?
El Papa se retorció.
-Tienes que comprender, Señor - ¿me permites, Señor, que te llame Señor? Tienes que comprender que, bueno, estamos al borde de una guerra mundial, y la contaminación casi ha acabado con toda la vida en la tierra. Lo que quiero decir, no es exactamente eso lo que quieren oir en el sermón del culto de la mañana.
Hoy día, tenemos las visiones apocalípticas en los telediarios. La iglesia debe ser una alternativa a todo eso, un sitio para encontrar consuelo y renovar la esperanza.
También hay que tener en cuenta a la competencia. Ya va habiendo tantos luteranos como católicos.
-Luteranos, murmuró el Señor, confuso. -¿También son cristianos?
-¡Claro que sí!, dijo Pietro. -En estos tiempos ecuménicos debemos ser tolerantes.
Pues, ¡allí tienes el problema! Originalmente, eso del Purgatorio nos hizo bastante impopulares, así que hemos tenido que aflojar un poco el fuego, si no tenemos que espantar a los últimos que quedan. Y aparte de eso, en este mundo ya tenemos problemas de sobra, no hace falta preocuparse por los últimos tiempos.
-¿Problemas? ¿Qué problemas?
-Bueno, la prevención, por ejemplo. El sexo premarital y el divorcio y el aborto...
-¡Ay Señor mío!, dijo el Señor. -Veo que los curas no han cambiado mucho desde la última vez que estuve yo aquí. ¿Es eso lo que has predicado en mi nombre los últimos dos mil años?
-Sí, algo así, dijo el Papa. -Tampoco se debe robar, añadió, tras un momento de consideración.
-En ese caso, dijo Cristo, me temo que me has negado tres billones de veces.
-Pues eso siento, dijo el Papa, un poco insultado.
-Pero debe haber alguien, insistió el hijo de Dios, -en este mundo, que anhela la liberación.
-No lo creo, dijo Su Santidad. -Mejor perro vivo que león muerto. Además, tenemos nuestra red de seguridad social.
-Estoy un poco confundido, admitió Cristo. -¿Tú qué propones que haga?
-Es un poco tarde, eso creo, dijo el Papa, palpando su despertador, y mañana tengo una misa, como sabes. Propongo, que yo dé un discurso. Algo sobre la paz, y contra la pornografía.
Y les felicito de la Pascua, claro. ¡Has resucitado!
-Pero, ¿que voy a hacer *yo*? ¿Qué le digo a mi Padre?
El Papa se rascó el cuello.
-Dile - dile que es un poco temprano.
Que nos dé un par de milenios más. ¡Dile que cuidaremos bien de la selva tropical!
Cristo asintió, silenciosamente.
-¿No lo dirás a nadie - que he estado aquí?
-Puedes estar perfectamente tranquilo. Todo el mundo conoce nuestra discreción acerca de esas cosas.
-Y ahora, añadió, -voy a dormir un par de horas.
Pasó como un soplo por el dormitorio del Papa, y se estremeció.
Y se encogió de los hombros y volvió a acostarse. Pasados un par de minutos, no se oía más que el ronquido de Su Santidad y el tic-tac del reloj en el amplio cuarto."

 


 

Extracto del libro: "2000"
Traducido por Carsten K. Agger
COPYRIGHT © Erwin Neutzsky-Wulff and Borgen Publishers,1991
First published 1991 by Borgen Publishers, Valbygaardsvej, Copenhagen Valby
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