La Venganza

 

El cielo es gris con manchas blancas. Los arboles alargan las ramas hacia el como espasmodicas manos de esqueleto a la luz de las casas, largas filas rojas a lo largo del asfalto. La zona infantil esta abandonada, la arena en el cajon de arena esta mojada, la estructura para trepar helada. Han vaciado la piscina para chapotear.
En el parque hay un movimiento giratorio, una nube negra que se difunde desde ninguna parte.
Son las doce y media, el viernes dia 31 de marzo de 1.978.
Los jinetes estan callados. Estan extranyamente tiesos en los caballos, como muertos en ataudes. Las capas negras se desploman sobre ellos en la monotona lluvia. Los cascos vuelven la tierra en pellas de hierba cardenilla, empapada, cortada al rape, como arados. De vez en cuando se ve un destello de una cota de malla de cobre. Las llanas caras estan cubiertas por pequenyas perlas de agua. Los punyos estan rojos de frio.
La caballeria extiende su brazo de 300 hombres sobre el ovalado cesped del Prado de los Tilos. A la cabeza cabalga un hombre alto con el casco adornado y una capa verde; casi a su lado, un hombre velado y delgado se encoge sobre el caballo.
Un mirlo se lustra en unos arbustos. Una senyora con una capucha de plastico mira hacia arriba cuando las gaviotas a las que esta dando de comer saltan gritando. Ve los jinetes como un monstruo negro, barriendo la baja vegetacion. Patea hacia un lado, se aprieta contra un banco y les deja pasar.
Un par de caballos bailan delante de una barrera rayada de blanco y rojo, los cascos despedazan la oscura madera, boxean nerviosamente, encabritandose. Un relampago de nervios y musculos atraviesa el ondulante cuerpo del caballo, luego, repentinamente, hacia adelante, y los jinetes salen a la avenida de Dalgas.
Un hombre con un cuello de pieles se queda quieto en la acera, secandose la nariz con un dedo.
-... Si -dice una senyora con un ramo de flores- ¡sera de alguna pelicula!
Un senyor con una barba blanca patea, rapidamente, saliendo al carril de bicicletas, da tres vueltas y vuelve a subir a la acera como una urraca con un vendaje enyesado. Desde alli empieza a reganyar: -¡Idioteces ...! Un jinete se da cuenta de el, se reclina y lo alcanza con el caballo, doblandose en las caderas, le atraviesa con la lanza, se le cae la silla plegable, es llevado un par de metros y cae sobre el asfalto negro donde permanece, con la sangre pulsando del cuerpo.
Como al pie, la senyora del otro lado de la calle cae en su bicicleta.
Los jinetes tropiezan con fuerza contra la muralla, la ventana de FRUTA DIANA se rompe, violentamente, cuadrada, y los racimos de platanos atraviesan el aire, de hombre a hombre.
Hay una pequenya, comprimida, cara de lechuza en un parabrisas, el volante gira, y el coche sube al acerado.
Un conductor de autobus suelta su vehiculo, toma un paso hacia adelante, otro hacia atras.
Un joven esta gritando al lado del herido duenyo de la silla plegable. La mujer con el ramo de flores chilla.
La gente empieza a correr y venir, los vehiculos se paran en arranques repentinos.
Dos muchachas arrojan sus paraguas transparentes ¡slam! al suelo y huyen.
Un par de ninyos corren, vociferando, a los costados de los jinetes, uno es montado a un caballo, pero enseguida exige ser soltado. Luego se queda de pie, el corazon palpitando sobre el empedrado, un nudo en su garganta llora la perdida felicidad, como queda mirando al jinete.
Un hombre salta hacia adelante para ver que pasa, se acerca a un jinete para preguntarle algo, es tirado al suelo cuando de pronto el caballo va al galope. Se levanta, meneando la cabeza, dando directivas a una joven que sale de una tienda, ella asiente con la cabeza.
Salen cabezas de las puertas callejeras, suenan portazos de los coches y sus conductores desaparecen, cabeceando a ambos lados. Se encogen al pecho, como si tuvieran frio.
Un jinete recoge de paso un banderin, hace alarde de el delante de sus companyeros, lleva la inscripcion: HELADO.
Hay cascos de caballos y chasquidos y el sonido de pedacitos de cristal. El olor de caballo es penetrante.
Una joven con una melena rubia y una negra chaqueta de cuero se detiene con su caniche en la calle Peter Bang. Un jinete la recoge con el brazo derecho, la sube a su caballo, ella queda mirando a su gran cara. El perro es arrastrado un momento detras del caballo, grunyendo, luego la cuerda es soltada y el perro cojea un poco antes de volver a mear. Él mantiene quietas las manos de ella aunque no se resiste mucho, no esta bien caerse de un caballo rapido.
Le pela la ropa de encima con un pequenyo cuchillo, como una fruta madura. Cuando tiene que quitarle los estrechos pantalones, le raja un poquito el muslo. Sus ojos son grandes, el largo y blanco cuerpo de mujer alumbra como la luna, y ella se agarra a los hombros de el. Luego menea la cabeza, pero el la levanta, ella es floja, como un ninyo. Lleva sus manos hacia atras, agarrandola por el cuello y los hombros la aprieta contra su abdomen, ella empieza a llorar, luego sale la lengua en la ancha boca, intenta sonreirle un poco al exaltado gigante.
Algunos de sus companyeros roban pan de una panaderia.
Rompe la ventana de una tienda de perros con un vanaglorioso surtido de correas y collares en el escaparate, aprieta un especimen gordo sobre el rosado cuello de moza y lo engancha a un gordo lazo de perro. Tambien se lleva un pequenyo azote tejido. En la tienda de al lado se disculpa con un corto abrigo de foca con zorro azul, por el cual mete los tiesos brazos. De la prenderia saca un gran espejo que extiende delante de ella, quien esconde la cara en su sobaco.
La proxima parada es la REPOSTERÍA FREDERIKSBERG, donde los guerreros se meten las medias piezas como bocados sueltos.
A un colega se le ha ocurrido atar una cuerda a la puerta de una lavanderia automatica para arrancarla. Él y otro companyero encuentran pareja durante la accion, una muchacha con un sueter amarillo y pantalones vaqueros azules, y otra, rubia, con una chaqueta de cuero marron. Otra, en guardapolvo con guantes negros, es sacada de una escalera por otro jinete. Gritan mientras que las desnudan, luego las ponen en el perteneciente borren delantero de carne y hueso. Una es llevada a una tienda de muebles donde es montada con decoro, en un sofa de seda azul.
Un jinete ha encontrado un maravilloso juguete, un inmenso avion modelo que ha encontrado en una companyia aerea, donde otro guerrero esta en Babia delante de un globo terrestre. Un tercero lanza un grito de victoria al montar un pequenyo pretil, el grito se convierte en un grito de horror como se de cuenta de su error y cae en el foso ferrovial de Vesterport.
La sombra negra se difunde como una mano, con dedos en todas las calles secundarias.
En la calle de la Estacion hay algo como una pequenya valla azul. ¡Es la policia! Parece que quieren ver el permiso de conducir de Brallen Solidus.
Los jinetes brillan en sus caballos, como oro deslustrado, el bosque de lanzas camina, como un oceano, emana ramificaciones y corredores desde su centro dorado.
Ahora hay un nudo detras de sus estrechos, aglomerados ojos: ¡Asesinato! Y emana hasta los brazos que agarran las lanzas. Ahora vuelan, pero no con las alas de Sevængran. Se ha empezado un incendio en el centro de la ciudad, chisporrotea en la prolongada lluvia, pero no se apaga. Son ojos y manos, estan sucios, listos. La barba de cada uno chispea como una sonrisa inversa, oculta.
Su edad es evidente, su infinita edad. Los cazadores eternos. Los agricultores disminuian sus bosques, ahora vuelven desde los balcones nubosos, en una caida giratoria, con las manos llenas de glumas. Ahora se estan volcando los ciudadanos sonyolientos, ahora grita por ultima vez la campana a rebato. ¡El dia del juicio final! Atila se ha resucitado de los muertos, en el trigesimo tercer dia, en su esplendor, con la baba de la hemorragia violenta en la boca. Su vida fue una hemorragia, y ahora vuelve. Axia Dufa nunca llegara con las tropas auxiliares de la ilustracion. Ay dios, ay dios. Sevængran, ¿por que nos has abandonado?
La policia lleva rifles y cascos con visera. Andan a gatas detras de sus lustrantes, negros coches de charol, agachan la cabeza, senyalando con las rodillas encorvadas. Son jovenes, palidos, rubicundos con los ojos celestes. Estan un poco desasosegados por la situacion. Pero les respalda la ley, el palacio cristalino del poder de papel. Son fuertes, quieren frenar la marea, refrigerar el sol en los cubos de hojalata que llevan consigo. La situacion esta bajo control, pues esto es la Plaza del Ayuntamiento, la Plaza del Ayuntamiento con Absalon en laminas de oro, la fuente de dragones de color verde mucoso, la desembocadura de la calle de "Strøget", la sala de libros. Y de espaldas, distraido, el corneta, a quien lleva de prisa el soldado de 1.864, un poco preocupado del progreso del asunto (el corneta, Absalon, etcetera se refiera a estatuas en la famosa Plaza del Ayuntamiento de Copenhague, CKA). Aqui pasa la linea 2, y tiene que seguir pasando, el transbordador de la cultura. ¡Pasa, pasa!
El pelo se quita de las pequenyas, anudadas caras de los jinetes, ¡ahora atacan! Son libres y desnudos, humanidad desnuda, sangre. Era eso que esperabamos. Los centauros atacan con las cabezas ladeadas, meten las lanzas hacia dentro, hacia abajo, desde la cintura, sonrisas de acera, flechas de fuego, amor. Apuntan al cuello.
El asesinato es una mujer.
El enemigo lento, la vaca, el bicho que mira y dispersa insultos, que ve el mundo sin comprenderlo.
Atacan en olas; siempre hay una ola con los defensores mientras que se prepare la proxima.
El asesinato se agacha, negra, en el rincon, con grandes ojos oscuros, y dice: ¡Amparame! Se mi escudo y mi espalda.
El hombre es carne roja, y, sin embargo, un ninyo de pecho, dormido.
Manojos de brazos, manoteando; gavillas de la muerte.
El asesinato queda mirando las caderas adornadas de sangre y se entrega a aquel que todavia se deja asaltar por la embriaguez de sangre. Desea la debil vibracion restante, el cabrilleo del mandoble al abdomen del enemigo. Mira con ojos grandes al baile de los ciervos reales. El homicida es el humillador de mujeres apropiado a su refinado paladar. Le llevan consigo como botin, y se rie; ha vencido, como siempre. La tienen en cadenas oxidadas, la cierva blanca, sus anchos pies estan remojados de purpura. Su olor es sal firme. Es la mas grande, la mas fuerte. El hombre esta atado a ella con la propia cadena que usa para encadenarla. Es el secreto, el secreto de Wijsseggher.
El fervor metodico, temblante, estetico con que se quita carne de carne, corta tendones, con que se rompe el tejido de nervios, con que se pela y arruga la piel.
No se puede luchar con rifles.
La apertura quirurgica en un hombre, atravesado por una lanza.
Solo se puede luchar con el corazon y la polla.
Golpes contra cascaras, las quebraduras de cartilago. La consolacion y felicidad manoteando, salvaje, cuando comienza la lucha, la matanza. La alegria; el amor.
El temblante deseo cuando el cuerpo del enemigo se convierte en lecho nupcial para la populacion metalica, el coito imposible.
Los guerreros hacen parada, orgullosos, con los cascos alzados a lo largo de las filas de muertos.
Las libres, calientes, tiernas lagrimas cuando el brazo ha demostrado su fuerza, y el enemigo se ha convertido en carronya.
Largas filas rojas a lo largo del asfalto, gris como la primavera.
¿Que amor como el del asesinato?
¿Que asesinato como el del amor?
Cuando se abra el torax dilatado, cuando se alce la cabeza gacha, cuando las indolentes comisuras de los labios se encojan en una sonrisa, cuando un hombre salga a la luz, cuando se corte el cordon umbilical, cuando el ninyo de pecho salga de su cuna, cuando el hombre se caiga del borde, cuando SANCIRE MARY llegue a su eterna, infinita, finita meta.
¡El treinta y tres de marzo, hombre, el treinta y tres de marzo!
¡Terrible, terrible! Solo un imbecil no teme al hombre, el infinito. ¿Que son las telaranyas de las galaxias contra un movimiento convencido del senyor del universo? Terrible, digo. La virilidad eterna nos atrae.
El dia de SEWEOROLD esta cerca. SEVÆNGRAN yace alicortado, sangrando. MONSSUNU vive; CRANN esta muerto. JOANA puso la corona en la cabeza del hijo del monte, mientras que AXIA se cayo del borde. WIJSSEGGHER le ha susurrado El Secreto. MANATTOUI sale de los bosques.
El cielo, gris. Son las 14.45 del dia 31 de marzo 1.978.
Los jinetes estan callados.
Estan extranyamente tiesos en sus caballos, casi timidos, mirando el chapoteo de la lluvia en las llagas de los ninyos uniformados. Como un juego que repentina e inesperadamente se ha convertido en realidad.
Las capas empapadas subrayan su desilusion. El timido carraspeo de cascos nerviosos se difunde en nubes sobre el asfalto, como la propia lluvia. Las cotas de mallas de cobre destellan, deslustradas.
Monssunu sale del grupo y baja del caballo.
Las planas caras miran uno al otro. Las chicas desnudas, heladas, miran a las caras de sus amos, como hacia el sol, cuando este esta detras de una nube.
Los policias casi parecen estar dormidos, las empapadas mejillas estan tiernamente pegadas a las brillantes espaldas de escarabajo azul, los techos abollados de los coches, donde los guerreros jugaban a estatua ecuestre. A la Plaza del Ayuntamiento le da igual.
Monssunu cruza la calle del Occidente, y los jinetes desaparecen de su vista. La Plaza Vieja esta desolada. Los luristas se quedan mirando a Benedictus un momento; luego siguen, despreocupados, en brazos en el invisible desfile.
Delante de el esta la catedral como un puro y sucio monstruo, mas una fortaleza que una iglesia con sus luceras negras, las celestes esferas de reloj y la gran cruz color mantequilla sobre el sombrero.
Como siempre han montado andamios en la fachada, pero el Senyor ha sabido guardar su salida, y por alli entra Monssunu.
La gran iglesia gris esta en silencio.
NO OLVIDES OBRAR BIEN pone en la distancia psicologica del cepillo para limosnas.
Los apostoles giran, inapercebidos, las cabezas hacia el penetrante en el crepusculo (es decir, las grandes estatuas de los apostoles que estan en la catedral de Copenhague, como otras estatuas que tambien veremos..., CKA)
Bartolome vigila los libros de canticos y los defiende con un gran cuchillo.
Tomas esta absorto en meditaciones (¿dudas?), Jaime parece haberse dormido.
Felipe escucha al pulpito vacio con la cabeza ladeada. Cuando no hay nadie en la iglesia, se rasga la oreja con su cruz de palitos.
Es obvio que Mateo esta inspirado, basta mirar los vacios globos de sus ojos.
Pablo se apoya gravemente en su ancha espada de verdugo.
Pedro aprieta sus llaves, el aguila de Juan comenta la distraccion de otro Jaime mas.
Andres viene caminando con su vayra, Judas Tadeo juega con sus dedos, Simon el Zelota parece echar de menos su bosque.
Monssunu les pasa a todos, como sigue la pasilla.
Delante de el preside el Sevængran de Thorvaldsen, extiende los brazos hacia adelante y hacia abajo. Es un verdadero escaparate; esta en el nicho con un fondo de cal roja, y tiene un tubo neon a lo largo de la columna vertebral.
En el propio altar hay un crucifijo negro con la imagen de oro, ademas de un microfono, por si le diera por decir algo. Pero el salvador ha estado muy callado, ultimamente.
Mas adelante se postra el angel del bautizo, intensamente femenino a pesar de las alas aguilenyas, con el pelo de sirena adornado de flores. Su tunica se ha bajado sobre el brazo izquierdo, y el redondo, excitante hombro esta desnudo para el beso pygmalionista del espectador.
Al lado del altar hay una pequenya, secretiva puerta hasta el cuarto del cura, el escondite del titiritero tras la escena. Desde alli, acaso podra causar, mediante algun mecanismo ingenioso, que Sevængran aletee con los brazos en forma inverosimil.
Hay un traqueteo detras de Monssunu, un hombre balito, rubicundo sale de las gradas y viene hacia el. Hacia el monyo, su peinado queda ralo, sus ojos son azules como el agua, como los de un caniche, tiene las mejillas como un pelicano juntando provisiones de invierno.
-Es precioso, ¿verdad? -dice, senyalando hacia el altar con movimientos cortados.
-¡Todo esto -piruetea absurdamente- todo es tan precioso, tan precioso!
Mide la altura de "tan" como un ninyito que bendice a si mismo.
-Si es de Thorvaldsen. Es una obra maestra. Era un genio, y murio en el Teatro Real.
-Si, -dice Benedictus, distraido-. ¡El angel del bautizo se la habra puesto dura un par de veces!
Algo se despierta en los ojos del hombre. Menea la cabeza, sonriendo:
-Ah, no. Paint-by-number, todo.
Miran uno al otro.
Y el hombre salta y dice: -¡Bienvenido otra vez, Benedictus Monssunu!
Monssunu se siente en un banco. Mira hacia adelante.
El hombre vuelve a sonreir su sonrisa consciente. -¡Estas confuso! El mundo esta confuso. Pero yo, yo soy Angelos, la voz de Seweorold, y te ilustrare a ti y al mundo.
Se sienta al lado del que viste capa, en su impecable traje a rayas.
-Al principio, si, porque hay que empezar por el principio. ¿En el principio, que? Al principio existia el hombre. O el mundo; es lo mismo. El mundo fisico, o el cuerpo fisico.
No ves con tus ojos, tus ojos ven, pero lo que ven son tus ojos. Escuchas el silbido en tus conductos auditivos, y cuando sientes, ¿entonces que es sino el cuerpo que siente el cuerpo? ¿Puedes sentir algo que no sea tu cuerpo? ¿Existe algo fuera de tu cuerpo? Por supuesto que no.
El cuerpo fisico de cada individuo ES el mundo fisico. Y el cuerpo fisico es doble, es como dos cuerpos, uno masculino y otro femenino, el cuerpo del hombre y el cuerpo de la mujer, perciben uno al otro y no hay ningun mundo fuera de su percepcion uno del otro.
Toca a una mujer, y tocas a ti mismo contigo mismo, percibes tu mismo a ti mismo. Cuando hombre y mujer yacen juntos, cuando el la penetra y envuelve los cuerpos en la vela de la sensacion, en su claridad, ¿a donde esta el placer, esta en el cuerpo de el o de ella, y que parte del placer esta en que cuerpo? El placer existe, el cuerpo doble existe, el mundo existe.
Pero cuando hombre toca hombre, ¿entonces no es frialdad, ilusion, donde esta la sensacion aparte de la repulsion de la irrealidad, o la insensible actuacion del homicidio?
No existen otros hombres y no existen otras mujeres.
El doble, individual cuerpo fisico humano es el mundo.
Pero el hombre se desperto en la copa del arbol, aleteo con los brazos y temia caerse, y aprendio a volar. Era tan increiblemente fuerte, que tuvo miedo de si mismo. Y entonces el hombre se adquirio un alma.
Adquirio una idea, fue partido en lo real y lo irreal, sonyo con cosas que no eran cosas, existencias que no eran existencias, categorias y cascabeles platonicos que tintineaba cuando se moviera, tintineaba del pecado y la perdicion del alma, de la vida eterna e imperativas eticas.
Empujo el horizonte hasta las profundidades vacias, irreales y las busco, como se decia, cuando en realidad solo buscaba huir de si mismo. Invento el universo infinito y despedazo el cuerpo humano con el.
Se fijo metas, invento juegos sociales que alcanzaron mas alla de tiempo, espacio y realidad.
Amontono reencarnaciones en globos, se trituro sobre las paredes del espacio finito, lo nego.
Todo, todo, solo fuera, fuera del hombre.
Aprendio a adivinar los pensamientos del projimo ilusorio, estudio derecho romano y deber del amor y economia nacional.
Y asi, Sevængran le dio alas.
Pero el Mundo engendro al Mundo, el Monte dio a luz el Monte, saliste de Semercisbeorg y volviste a Semercisbeorg.
Mataste tu alma, Monssunu, en el trono de Nagga.
Pero habia un alejamiento entre el alma individual y el alma mundial.
Sevængran vive todavia.
Sabes lo que tienes que hacer.
El hombre corpulento se levanto, dio la vuelta al altar mayor.
De pronto, Monssunu se levanto, gritandole: -¡Aparta de mi este trago! ¿Que es lo que quieres que haga? ¿Matar el alma mundial? ¿Destrozar todo el espiritu? ¿Es este el sentido mundial? No puede ser. ¡El espiritu hum

 


 

Extracto del libro: "Den 33. Marts" (El 33 de Marzo)
Traducido por Carsten K. Agger
COPYRIGHT © Erwin Neutzsky-Wulff, 1977
First published 1977 by Vinten
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