El relato de Bronstein

 

-Como he dicho, era un hermoso día de primavera -empezó Bronstein. -El martes 18 de mayo de 2.021.

En realidad las elecciones debieran haberse celebrado medio año antes, pero el gobierno había conseguido aplazarlas, con pleno consentimiento por parte de la oposición. Era eso de los sondeos de opinión.

Ninguno de los partidos antiguos querían ver Agner Hjadstrup como primer ministro. A Hjadstrup, en cambio, le hubiera gustado si las elecciones se celebrasen el 5 de mayo.

Quizás se había destinado la -por lo visto inevitable- victoria electoral como un regalo en su sexagésimo sexto cumpliraños - había entrado en años esperando el Reino milenario. En las próximas elecciones ya habría cumplido los setenta y sería caduco según su propio programa , así que tenía que ser ahora o nunca.

Fuera de eso, el movimiento del cinco de mayo también era parte de su campaña. Era Dinamarca aquí y Dinamarca allí, la inmigración era una 'ocupación', y el gobierno un vendepatrias.

Sin embargo, ya no era Alemania el enemigo como en 1920 y 1940, dos años que tenían una importancia especial en la Historia de Dinamarca de Hjadstrup, ni Suecia si quiera, aunque era obvio que Hjadstrup sabía bastante más de fútbol que de política. El enemigo era 'el lobo delante la puerta'.

Éste pertenecía a la Historia Universal de Hjadstrup, que no habría sido de muchos tomos. Los europeos habían fallado en su misión histórica hacia los pobres bichos negros y ahoralamentablemente era demasiado tarde.

El barco global tenía tantos agujeros como los restos de un naufragio, y Europa era el único bote salvavidas, con una capacidad muy limitada. En éste orden de ideas, Hjadstrup por supuesto figuraba como el contador, controlando la lista de pasajeros.

Si uno había pagado por viajar en primera clase, tendría que poder estar seguro de no ahogarse. Sí, incluso podría llegar a ser necesario cerrar las cubiertas donde habían aparecido vías de agua, dejando que los pasajeros se ahogasen para salvar el resto del barco.

Eso era lo que estaba pasando con Dinamarca. Otra vez salían las imágenes de niños con timpanitis, pero ésta vez no venían acompañadas de una invitación a mandar 100 coronas.

Al contrario, el titular incitante era: ¿EL FUTURO DE DINAMARCA? La Lista Unida, una coalición electoral entre los Verdes, el Partido Obrero Marxista-Leninista y los socialdemócratas, respondió con prospectos de campos de concentración y tropas desfilando con el mismo pie del grabado.

Aparte de eso, la batalla electoral era cortés. De todos modos, pocos tenían ganas de hacerse enemigos de un futuro dictador si se pudiera evitar.

Era bastante obvio para todos que la política de Hjadstrup era radical, por decir lo menos. La cuestión era, si ésta radicalidad era necesaria, y siempre es difícil argumentar en contra.

Unos pocos periódicos publicaron series de artículos intentando de demostrar las consecuencias de un toma de poder Democrático, pero los dos periódicos sensacionalistas estaban con Hjadstrup, y entonces ya daba más o menos igual. Aquí debemos recordar la responsibilidad y el papel de la prensa en la sociedad moderna: vender periódicos.

Y al fin y al cabo, a la gente le gusta mes si se confirma sus prejuicios que si se los expone. Así que había pocas descripciones de la pobreza de los pobres o la riqueza de los ricos, aparte, por supuesto, como algo digno de admiración.

No sólo nadie se quejó de un matrimonio real que significó que una inmigrante de procedencia no precisamente europea gravara al contribuyente con un palacio de recreo, ¡hacían una colecta! Por otra parte, podían leer semana tras semana sobre drogadicots incurables, manifestantes terroristas, delincuentes contra la honestidad cometiendo matanzas, refugiados cobrando sueldos de director, musulmanes fanáticos, parados indolentes y además, en ocasiones, un intelectual que había resultado ser traidor o demoniolatro.

Todo presentado en el nivel de los lectores, es decir como esloganes y palabrotas. Para éstos lectores, Agner Hjadstrup debía parecer la solución personificada de todos los problemas que los periódicos habían estado denunciando en el curso de los años.

Por eso mismo parecía la mayor injusticia y falta de gratitud, cuando los mismos periódicos a veces agredían con palabras a Hjadstrup, probablemente no tanto por remordimientos como en memoria de las ventas que solían acompañar éstos ataques personales. En lugar de eso recibieron un diluvio de mensajes telefónicos y una seria caída en las ventas.

Y si alguien cree que un periódico quiere reducir su tirada a la mitad por su línea su patria no es Dinamarca sino el Mundo Encantado. Aún así, todo parecía una pesadilla.

Era chulo, eso pensábamos, decir que uno iba a votar Democráticamente, encime sería posible que espantase un poco a los políticos. Pero estando en la cabina a solas con su cruz y su conciencia, votaría como siempre había votado.

Nadie querría abrir las puertas voluntariamente a ese Monstruo. Los primeros pronósticos basados en cifras de votos reales tampoco daban una ventaja a Hjadstrup que no podría perder fácilmente.

Cruzamos los dedos y esperábamos. En lugar de eso, la pequeña mayoría creció a una increíble mayoría, ¡casi setenta por ciento!

Estábamos como en un estado de estremecimiento. Bajamos a la calle y todo parecía haberse cambiado.

Era como si todo el mundo durmiera. Esta noche, Dinamarca se había convertido en una dictadura según el modelo de los nazis, y nadie parecía haberse dado cuenta.

Y lo más cómico de todo era que nosotros en realidad habíamos ganado las elecciones. En la circunscripción electoral de Nørrebro Hjadstrup había recibido menos que treinta por ciento de los votos.

Nosotros no habíamos votado a Hjadstrup, pero nadie estaba interesado en eso. Las rotativas ya estaban imprimiendo sus volantes, según los cuales "¡Dinamarca eligió Hjadstrup!"

Pero si era verdad que Dinamarca había elegido Hjadstrup, nosotros desde luego no pertenecíamos a Dinamarca. Entonces empezábamos a barrear Nørrebrogade desde los lagos hasta la Glorieta de Nørrebro.

Pusimos barricadas en todas las pequeñas calles laterales, convirtiéndo la calle en una fortaleza impenetrable. Luego decidimos mover la frente desde la glorieta hasta Kapelvej para tener un terreno menor a defender.

-¿Cuántos erais? -preguntó Agner, atónito.

-En todo, habrá habido unos doscientos.

-Pero, ¿teníais armas?

-¿Teníamos lo que la calle nos dio, adoquines y eperiencia. Algunos tenían tiragomas, y también había cocteles Molotov.

-Pero, ¿cómo iríais a salir ganando ...?

-No. No podíamos ganar.

Pero podíamos hacer mella en la Gran Unidad Nacional que era tan importante para el éxito del timo de Hjadstrup. Hjadstrup quería idiotas cantando de la patria en CNN.

Nosotros le dimos algo que llegó a las mismas pantallas de televisión y que más bien parecía una guerra civil. A lo largo de Nørrebrogade había grandes hogueras donde quemábamos el morro tan feo de Hjadstrup, que había sido tan complaciente a poner a nuestra disposición en las cárteles electorales.

Alrededor de las once salíamos en las Noticias de la televisión. Era una transmisión extraordinaria, y cogimos pequeños televisores de las tiendas para que todos pudieran verlo sin abandonar sus puestos.

Casi recuerdo nuestra reacción mejor que la propia transmisión. Nos reímos de carcajadas, y si no, sollozamos.

Nosotros eramos 'terroristas internacionales que habían tomado rehenes', supongo que deberían ser los habitantes que estaban viendo la transmisión con nosotros en los cafés. Algunos de ellos silbaron y aplaudieron.

Todavía no habían comprendido qué estaba pasando. Ellos sólo estaban participando en una buena película policiacal sin ningún riesgo para ellos mismos.

Hjadstrup apareció en la pantalla y aseguró que harían todo lo posible para que los rehenes salieran sanos y salvos. -Bronstein rio.

-¡Me quito el sombrero ante Hjadstrup! Ahora, todo se trataba de las vidas de los rehenes. Lo que pasaría con nosotros carecía totalmente de importancia. Y eso aún no era lo mejor.

El locutor explica en camino que han recibido una cinta de vídeo donde los terroristas plantean sus reivindicaciones. Luego aparece un personaje disfrazado hablando un danés ronco, chapurreado.

Amenaza con matar los rehenes y arrasar a Nørrebro si no satisfagan sus exigencias, 100 millones de coronas y un avión a Libia. es que tiene una bomba atómica - ¡una bomba atómica!

¿Qué me dices? Mirábamos uno al otro.

De repente, nuestra manifestación se ha convertido en publicidad de la nueva policía de Hjadstrup. Ya los vemos en el puente Reina Luisa, al Cementerio del Asistente, y al final de todas las calles laterales.

Poco a poco nos damos cuenta que hemos caído en una terrible trampa. También nos queda claro que sólo tenemos una oportunidad.

Tenemos que hablar con la prensa. Vamos a telefonear.

La mayoría de ellos no quieren hablar con nosotros, no creen que tenemos que ver con el asunto, o vienen con otros pretextos. Otros deploran que no pueden venir por la policía que ha rodeado el terreno-

En lugar de eso, graban nuestra versión del teléfono y prometen que saldrá en el próximo telediario. Pero nunca sale.

En lugar de eso, la transmisión está llena de entrevistas con personas histéricas que por alguna razon tienen sus hijos y madres en el lado equivocado de las barricadas. Es lo de siempre, dice uno.

Creíamos que algo iría a cambiar, pero es lo de siempre. Ésto es el pie de Hjadstrup.

Sabemos lo que va a pasar ahora. Vamos a casa por nuestras sábanas, y yo y algunos otros vamos hacia el puente gritando que nos vamos a rendir.

Se escucha algunos ruidos, y entendemos que están disparando sobre nuestras cabezas. Una voz de un altavoz nos aconseja mantener la calma mientras que la policía viene para detenernos.

Gritamos que está bien y damos la media vuelta. Podemos ver la policía quitando las barricadas cerca de los lagos.

Ahora empiezan a avanzar en cadena. Han sacado las pistolas.

Algunos de los manifestantes se acercan a ellos, otros se retiran un poco. Y de repente empiezan a disparar.

Varios de los manifestantes caen. La retirada se pone en desbandada. Algunos de nosotros vamos hacia las calles laterales, pero desde allí también disparan. Algunos empiezan a resistir.

Un adoquín da en el blanco, y un guardia cae. Eso anima a otros.

La situación ha cambiado - ahora estamos luchando por nuestras vidas. Por supuesto, no tenemos una oportunidad.

Entro en una escalera, corriendo, cruzando el patio y saliendo en el otro lado. Después me dijeron que otros habían escapado en la misma manera.

Pero la mayoría se quedan y siguen luchando. El resto sólo lo sé de los informes de los periódistas al día siguiente, que por supuesto están basados enlos de la policía, dado que ninguno de ellos estaba cerca cuando todo pasó.

113 manifestantes muertos, un policía. Tres detenidos, todos periodistas intentado de penetrar las barricadas.

La mayor parte son descripciones de la reunión de los 'rehenes' con sus familias. La señora Frederiksen, que tiene un quiosco en el barrio, que no tiene familia en éste mundo y que pasó la noche gritando '¡Arrancale los huevos a Hjadstrup - si es que los tiene!' sale abrazada íntimamente por algún desconocido.

Los habitantes hablan de las 'terribles horas' que la mayoría de ellos llevaba mirando desde ventanas del tercer piso durante aquella 'noche del terror'. A Hjadstrup, sin embargo, aún le queda su piece de resistance.

Dos días más tarde, el policía muerto es enterrado como si fuera un jefe de estado. La TV enseña masas llorando, y todos los nuevos de Hjadstrup se profilan con eulogios de horas enteras.

El propio Hjadstrup lo concluye, al borde de las lágrimas de justa indignación por éste joven cuya vida tenía que ser desperdiciada tan inútilmente, y con una seria aseveración que ésto nunca ni puede ni debe volver a pasar. Ahora hay que poner orden para que nuestra magnífica Dinamarca pueda volver a ser un país donde podemos criar a nuestros hijos.

Apretó las callosas manos del jefe de la policía nacional, agradeciéndole su actuación y expresando su confianza que juntos podrán resolver las muchas tareas que les esperan. El jefe de la policía le agradece la confianza y añade sonriendo aviesamente que '¡Agner, los chicos siempre han estado contigo!'

Hjadstrup se rie, le golpea el hombro del jefe de policía y hace piruetas entre las cámaras. Sí.

Era la hora de Hjadstrup, la que llevaba medio siglo esperando. En junio emprendió una nueva cruzada.

Una 'campaña de información' sobre la droga fue difundida en los medios de comunicación. Empezó haciendo frente a la cultura juvenil de los años sesenta y setenta.

Había sido superficial, embrutecedora y pasivizadora. Eran niños que nunca habían llegado a ser mayores y que habían recibido una atención desmesurada frente a los jóvenes más responsables.

Cuando la realidad no correspendió a sus esperanzas, se escaparon al abuso de drogas. Ya había pasado medio siglo con intentos de ayudar a los drogadictos.

Hoy día, todos los expertos estaban de acuerdo que no era posible. Desde el primer porro hasta el último pinchazo en un peldaño de la puerta, el camino parecía trazada e inevitable.

Ésto era un punto importante para Hjadstrup, porque eso significaba que los drogadictos y no la drogadicción eran el problema. Se habían convertido en un proplema de la sociedad en ves de pertenecer a ella.

No se podía hacer nada contra la drogadicción, pero sí contra los drogadictos, y era más que necesario. La alternativa, utilizada por muchos, era robos, asaltos y asesinatos.

El error de la política hacia los drogadictos era que se había considerado como si fueran personas. Drogadictos no eran personas.

Drogadictos eran animales. Era tan imposible de convencer un drogadicto de abandonar su droga y los crimenes que cometía para conseguirla como convencer un animal carnicero de abandonar la presa y la caza.

La conclusión era bastante obvia, pero todavía fue sacada bajo un cubierto de legalidad. Los drogadictos siempre serían detenidos como camellos, pero no había ninguna distinción entre los dos.

La pena de muerte fue proclamada en unos cincuenta casos, pero varios miles desaparecieron el el aparato legal, si alguien se hubiera tomado la molestia de contarlos. Aquellos que trabajaban directamente en el proceso se habrán disculpado diciendo que sólo estaban apresurando la inevitable inyección mortal, liberando tanto la persona en cuestión como la sociedad de muchos sufrimientos y problemas.

El hombre medio simplemente vio que los drogadictos y sus jeringuillas habían desaparecido, casi como si descubriera que el sol de primavera había quitado el último nieve en su jardín. Llevaba años pidiendo en los periódicos locales que si 'quitara' a aquellas personas, y ahora lo habían efectuado.

La suerte de ellos no le preocupaba demasiado, pues no miras la boca de un caballo regalado. El que hiciera tales preguntas podría recibir respuestas desagradables.

Tal vez incluso los drogadictos podrían volver, ya que la alternativa, si fuera conocida por el público, era inaceptable y nadie quería correr ese riesgo ahora que ya se había eliminado el problema después de tantos años. En Dinamarca, los drogadictos por fin tenían paz, y, más importante, nos dejaban en paz.

Ya no hacía falta barrerlos de puerta a puerta como follaje de otoño. Hjadstrup y sus chicos vestidos de negro los habían juntado meticulosamente para quemarlos en algún jardín desconocido, posiblemente cantando la Canción del Solsticio.

"Cada pueblo su bruja, cada parroquia sus ogros". ¡Venga, venga, venga!

¿Cómo combatir la mentira? No se puede.

Es que no es ninguna mentira. Es una realidad artificial.

Es una realidad vivida por personas normales que la ve confirmada todos los días cuando se despiertan. Que es discutida en las cantinas y arreglada en las Noticias.

Todo el mundo podía ver que Dinamarca ahora se vivía mejor en Dinamarca. Había policía en las calles, no guardias nerviosos agarrando uno al otro, tampoco monstruos con cráneos en las mangas, sino policías tranquilos, sonrientes, confidentes en su autoridad y sus competencies.

Siempre servicialesy ansiosos de resolver los pequeños y grandes problemas de la gente. El comerciante invita a café, y hablan de las cosas.

Ahora hay aquel, que parece que se está pasando de listo. Los guardias asienten con la cabeza y acaompañan al dueño que les indica el culpable.

El joven va entre los dos uniformados, sus pies no están en contacto con el acerado todo el tiempo. Desaparecen en un patio interior para hablar de las cosas.

No hacen un informe -¿para qué arruinar el futuro de un joven? Después está encarnado como una guinda y arrastra un poco el pie, y un par de días su piel tendrá un tinte violado en ciertos lugares.

A lo mejor no era él, pero entonces el tratamiento ha sido preventivo. El castigo arbitrario puede ser igual de intimidante como la retribución asegurada.

Los jóvenes son corteses, y una vez que las varias pintadas están quitadas no vuelven a aparecer. Ya no estamos mirando si hay personas sospechosas antes de dejar que los niños salgan para jugar.

La gente que no se manifiestan claramente con cochecito y sombrilla siempre van para algún lado, como los guardias les recuerda. No hay ningunas latas de cerveza entre las begonias.

Los que roban bicicletas son tratados como mafiosos. En pocas palabras, ahora tenemos una policía que se preocupa por los ciudadanos.

¿Quién desearía volver a las condiciones anteriores? De aquellos días sólo se habla con un estremecimiento silencioso, y aquella época oscura es más y más oscura mientras que hablámos, hasta que la oscuridad es completamente impenetrable y sólo queda un precipicio abismal detrás de tí, en que el menor paso hacia atrás será capaz de arrojarte!

¿Quién grita más alto que el altavoz dictando su realidad? Cuando ya ha decidido si la opsición en un país lejano debe ser un pueblo oprimido o un puñado de terroristas, ¿quién le contradice?

¿Qué se podrá esperar de demostrar aparte de su propia imbecilidad o irresponsabilidad? Y es que aún así seguimos imprimiendo nuestras pequeñas notas, metiéndolas en la mano de los transeúntes que luego tienen la cortesía de deponerlas en la próxima papelera hasta que descubren que en éste caso es más apropiado arrojarlos en el acerado para que el guardia alerto pueda venir y preguntarnos ¿qué

PORQUERÍA es ésto?

Y después manda al culpable que recoja toda esa basura y tirarla en la papelera, el montón que aún tienen en la mano incluído. Claro que poco a poco se ha unido una pequeña conglomeración de gente llena de sonrisas conformes y malicia de aquel que quería hacerse tan sabio y ahora es reñido como un niño del párbulo.

El guardia, sin embargo, se queda con uno como un recuerdo íntimo y pregunta interesado de dónde lo tienes. ¿Por qué no pone el lugar de impresión?

¿A lo mejor les da vergüenza? El policía comprende todo, a él también le daría vergüenza haber hecho algo por el estilo.

Y le das un nobre o una dirección que no lleva a ningúna parte. Pero tarde o temprano acabarás allí donde tus padres, maestros y vecinos ya sabían que acabarías.

No podía seguir así. Sí, eso era todo lo que yo vi del paraíso de Hjadstrup hasta que me cambiaron la direción de forma permanente.

Pero nuestro amigo el Doctor tiene algo más de contar.

En efecto lo tenía.

 


 

Extracto del libro: "Verden" (Mundo)
Traducido por Carsten K. Agger
COPYRIGHT © Erwin Neutzsky-Wulff and Borgen Publishers,1994
First published 1994 by Borgen Publishers, Valbygaardsvej, Copenhagen Valby
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